Catherine vive en Benidorm y en junio de 2026 viajó con su pareja a Moscú y San Petersburgo con la eVisa. Lo interesante de su viaje es el planteamiento: una fórmula a medias entre lo organizado y lo libre, con guías locales que hablaban un francés impecable y que les ayudaron a moverse, reservar y entender el país. Su relato es de los que tranquilizan a quien duda, porque insiste una y otra vez en lo mismo: limpieza, orden y sensación de seguridad.
Lo que sigue es el relato de Catherine, contado con sus propias palabras y consejos. He dado forma a su historia para que se lea con calma, pero todo lo que cuenta es suyo. Gracias, Catherine, por compartirlo.
Una fórmula a medias: mitad guiada, mitad libre
Como salíamos de Alicante, nuestra escala fue en Casablanca. Elegimos una fórmula mitad acompañada, mitad libre. Para ello nos apoyamos en dos agencias locales: una para Moscú y otra para San Petersburgo. La idea era empezar bien acompañados los primeros días y quedarnos luego con tiempo por nuestra cuenta, y en nuestro caso funcionó de maravilla.
Para ello, reservamos con dos agencias francesas y con guías en francés: «Time to Russia» para Moscú y con «Russie Autrement» para San Petersburgo.
Moscú: llegar, cambiar dinero y arrancar con calma
Llegamos a las 6:35 de la mañana. Habíamos pedido a nuestra agencia que un chófer nos recogiera en el aeropuerto y nos llevara a nuestro hotel, el Mercure Arbat. Lo que nos vino de perlas es que, como todavía no habíamos cambiado dinero, el propio chófer de la agencia nos pagó la primera noche para que pudiéramos acceder a la habitación de inmediato. A las 10 habíamos quedado con nuestra guía para descubrir Moscú en taxi y en metro, después de pasar a cambiar nuestros euros.
Kremlin, Serguiev Posad y días por nuestra cuenta
El segundo día lo dedicamos a la visita del Kremlin. El tercero salimos con otra guía —fue la agencia quien lo propuso, para tener conversaciones distintas— y un chófer hacia Serguiev Posad. Los días siguientes fueron libres: nos movimos sobre todo en metro, con un abono de tres días.
Nuestros guías nos permitieron empezar el viaje con serenidad y, además, descubrir restaurantes que jamás habríamos encontrado solos y sus especialidades. Según el tiempo que hacía, nos reservaron un crucero por el río Moscova y entradas para el espectáculo «Ma belle Russie» («Mi bella Rusia»). Tuvimos hasta una clase de historia y el testimonio de alguien que vivió la época soviética. Y sobre todo, lo que más nos marcó fueron las conversaciones, muy emotivas, sobre el contexto geopolítico.
En tren a San Petersburgo
La agencia «Russie Autrement» nos había reservado los billetes de tren para «Peter», como llaman allí a San Petersburgo. Reservamos nueve noches en la ciudad, así que tuvimos tiempo de sobra para verla con calma y adaptarnos al tiempo.
San Petersburgo: Ermitage, Peterhof y el circo
Al día siguiente de llegar, nuestra guía y su chófer nos hicieron un tour por la ciudad, con la visita a la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. Como pudimos cambiar el programa sobre la marcha, dejamos el Ermitage para el día siguiente, que amaneció lluvioso: perfecto para un museo. Esperamos a que hubiera dos días de sol para visitar los jardines de Peterhof en aerodeslizador, otra vez con nuestra guía. Después fuimos a Tsárskoye Seló con una guía distinta y en taxi. El resto del tiempo fue libre.
También aquí los guías marcaron la diferencia: nos dieron explicaciones riquísimas sobre la historia de Rusia, que a veces se entrelaza con la de Francia; nos reservaron plazas para un crucero por el Neva con la apertura de los puentes; y nos consiguieron dos entradas para el circo estatal Bolshói. Esto último quedará como un recuerdo inolvidable. Todos nuestros guías hablaban un francés perfecto. ¡Qué pena privar a nuestros conciudadanos de la belleza arquitectónica de este país!
Limpieza, seguridad y el trato a los franceses
Visitar estas dos ciudades y sus alrededores fue un auténtico placer. Más allá de la extrema limpieza, allí se percibe algo que aquí hemos perdido: una educación y unos valores. En el metro o en el tren, cada uno se cuida de no molestar a su vecino. En todas partes nos recibieron con calidez por ser franceses, y eso nos emocionó mucho. La única excepción fue a la llegada al aeropuerto, donde nos tocó un «pequeño interrogatorio» con control de nuestros teléfonos. En ningún momento, ni siquiera de noche, sentimos inseguridad.
Nota de Irena: ese control del móvil a la entrada que menciona Catherine no le pasa a todo el mundo, pero conviene saber cómo funciona y a quién se lo suelen hacer. Te lo explico en la guía sobre si te pueden revisar el móvil al entrar en Rusia.
Internet, apps y guías de papel
A pesar de llevar una tarifa Freemax con roaming, el acceso a Internet nos funcionó de forma intermitente. Nos ayudaron mucho las aplicaciones de Yandex que habíamos descargado antes de salir y nuestros dos libros «Cartoville», comprados en la web del «Vieux Campeur»; sobre todo Yandex Translate, para traducir los platos en el restaurante. Probablemente esos cortes se debieron a lo que estaba pasando esos días en la zona.
Lo que me quedo de la crónica de Catherine
- La fórmula mixta funciona muy bien: unos días con guía para arrancar sin agobios y reservar espectáculos, cruceros y restaurantes, y luego varios días libres para pasear a tu ritmo.
- Llega con algo de efectivo o cambia cuanto antes: hasta el traslado de la primera noche puede depender de ello, como le pasó a Catherine nada más aterrizar.
- El metro con abono de varios días es la forma más cómoda y barata de moverse por Moscú.
- Deja los museos grandes, como el Ermitage, para los días de lluvia, y guarda los jardines de Peterhof para cuando salga el sol.
- Internet puede fallar: descarga antes las apps de Yandex (sobre todo el traductor) y no está de más llevar un mapa o guía en papel.
¿Has viajado a Rusia hace poco y quieres compartir tu experiencia? Cuéntame tu viaje aquí y lo publicaré en esta sección, con tu nombre o de forma anónima, como prefieras. Los relatos como el de Catherine son los que de verdad ayudan a quienes están preparando su viaje.






