Izar vive en Gipuzkoa, llevaba tiempo estudiando ruso y en agosto de 2025 decidió ponerlo en práctica: se fue sola a Rusia, con visado electrónico, sin tarjeta SIM y sin ninguna tarjeta que le funcionara allí. Dieciséis días entre San Petersburgo y Moscú. Al final fueron diecisiete, y esa historia es la mejor parte de su relato.
Me gusta esta crónica porque desmonta el miedo más repetido: «si no puedo pagar con tarjeta y no tengo internet, no puedo viajar». Izar lo hizo, y cuenta con detalle cómo: dónde cambió los euros, cómo se movió con la tarjeta de transporte, qué pasó en los museos y cómo resolvió un susto de los gordos en el aeropuerto el último día. Si quieres una segunda mirada sobre el mismo recorrido, tienes también la crónica de Iñaki por San Petersburgo y Moscú. Te dejo con ella.
Lo que sigue es el relato de Izar, con sus consejos. Gracias, Izar, por compartirlo.
| Viajera | Izar (de Gipuzkoa) |
| Cuándo | Agosto de 2025 |
| Dónde | San Petersburgo y Moscú |
| Duración | 16 días de visado (acabaron siendo 17) |
| Entrada | Visado electrónico (eVisa) |
| Cómo viajó | Sola, en avión desde Bilbao |
| Pagos | Solo efectivo: euros cambiados a rublos en oficinas de cambio y en un banco |
| Internet | Sin tarjeta SIM rusa ni eSIM |
| Transporte urbano | Tarjeta Podorozhnik y metro |
| Entre ciudades | Tren Sapsan San Petersburgo–Moscú |
Por qué me fui sola y con lo justo
Viajé sola a Rusia en agosto de 2025. Había estado estudiando ruso y quería ponerlo en práctica, además de hacer un primer contacto con el país. Como prevéía ciertas dificultades —iba sin tarjeta SIM, es decir, sin conexión permanente a internet, y sin ninguna tarjeta de crédito válida en Rusia— y como además era mi primer viaje al país, me limité a pasar entre San Petersburgo y Moscú los 16 días que me permitía el visado. Al final fueron 17, como verás luego.
Nota: cuando Izar viajó, la eVisa permitía una estancia máxima de 16 días.
Llegar de noche a San Petersburgo y conseguir los primeros rublos
Reservé habitación antes del viaje en un hotel de cada ciudad. Como mi vuelo llegaba de noche a San Petersburgo y viajaba sin rublos, dormí en un hotel del aeropuerto. A la mañana siguiente pude cambiar unos pocos rublos allí mismo, los suficientes para comprar la tarjeta de transporte Podorozhnik, con la que me desplaé hasta la ciudad y con la que hice todas las visitas de los días siguientes.

Cambiar euros: la oficina que me recomendaron en el hotel
Llegué al hotel y allí me facilitaron la dirección de una oficina de cambio, donde cambié los euros por rublos sin ningún problema en un par de ocasiones. El cambio resultó mucho más satisfactorio que en el aeropuerto, por supuesto. También cambié dinero fácilmente en un banco de Moscú.
Hay que decir que llevaba billetes de euro nuevecitos y bien cuidados para evitar cualquier contratiempo, ya que no contaba con una cuenta bancaria operativa en Rusia.

Las máquinas del metro y la gente que se para a ayudarte
Alguna vez me quedé parada en alguna boca de metro sin saber utilizar la máquina de carga de la tarjeta de transporte, pero enseguida hubo alguna persona que me ayudó con el proceso. La mayoría de la gente que me encontré en Rusia fue muy amigable y estuvo encantada de acoger e informar a una extranjera.

De San Petersburgo a Moscú en el Sapsan
Viajé en el tren Sapsan desde San Petersburgo a Moscú. El billete lo había comprado antes por internet, pagando un plus por medio de una agencia intermediaria. Todos los trucos prácticos los aprendí por medio de Irena en Rusalia.
Moscú: los malentendidos en los museos
En Moscú tampoco tuve que afrontar ninguna dificultad importante, salvo los malentendidos en algún museo. A veces no entendía bien los letreros con la información sobre visitas guiadas, exposiciones temporales, billetes fraccionados… En muchos museos y lugares de interés se venden billetes de distinto precio según quieras hacer la visita completa a las instalaciones o no, participar en alguna actividad especial o no… A pesar de leer el cirílico y entender el ruso a nivel elemental, había veces en que no sabía qué era exactamente lo que me permitía visitar mi entrada. Era verano y las colas grandes, o sea que simplemente elegía una opción, la que creía mejor, y para adentro.
Me llamó la atención que en la mayoría de los lugares no había traducción al inglés y muchos empleados tampoco lo hablaban. Las colas para visitar los lugares más emblemáticos son largas y es una costumbre, me pareció que socialmente aceptada, intentar colarse: gasté mucha energía guardando mi puesto en las colas de entrada, mientras nadie se enfadaba ni se inmutaba ante los colones.


Los autobuses urbanos: sin tarjeta no vas
En los autobuses urbanos no se puede pagar con dinero y tampoco hay expendedores de billetes en todas las paradas, cosa que por otro lado no solo ocurre en Rusia. O sea que resulta imprescindible contar con la tarjeta de transporte por si estás en algún lugar de la ciudad donde no hay una estación de metro cercana.
Le ocurrió a una persona con la que compartí una excursión en Moscú. Se apuró porque el chófer del autobús no le dio solución al problema, aunque tampoco le obligó a bajarse. Casualmente mi tarjeta se quedó sin saldo tras pagar mi billete. Finalmente llegamos a destino sin que ocurriera nada contra la «infractora» involuntaria.
El susto del último día: me presenté a facturar con 24 horas de retraso
Pero el susto más grande me lo llevé el último día, en el aeropuerto de Moscú, desde donde volaba a Bilbao en un vuelo de primera hora de la madrugada. Resulta que me equivoqué y me presenté en facturación con 24 horas de retraso. Me apuré muchísimo porque no me di cuenta del equívoco hasta que intenté facturar mi mochila y la empleada no me encontraba en la lista de pasajeros. Tras varios minutos de insistir en que mi nombre tenía que figurar en ese vuelo, ¡me di cuenta de que las 00 de ese día habían pasado ya la noche anterior!
Por suerte, conseguí que me atendiera una persona de mayor rango de la aerolínea, una señora empática y eficaz que encontró una solución, y pude embarcarme en otro vuelo esa misma noche. Eso sí, no sin abonar un sobrecoste que, desgraciadamente, no pude pagar en euros, lo que me obligó a pasar otra vez por una oficina de cambio en el aeropuerto. Y esta vez sí: además del cambio desfavorable, tuve que tragar con la exigencia de que la cantidad tenía que ser entera, nada de fracciones.
Sin embargo, yo estaba exultante. Me alegré de no haber gastado todo el dinero que llevé al viaje y de poder volar pronto, de no tener que pasar a saber cuántas horas en el aeropuerto de Moscú.
Un día de más en el visado
En ese instante de euforia me percaté de que había rebasado en un día el plazo máximo del visado de turista y de que, por tanto, estaba en situación irregular. Por suerte, ningún policía apareció a llamarme la atención por ello y embarqué con total normalidad.
Comparte tu propio viaje
¿Has viajado a Rusia hace poco y quieres compartir tu experiencia? Cuéntame tu viaje aquí y lo publicaré en esta sección, con tu nombre o de forma anónima, como prefieras. Los relatos como el de Izar son los que de verdad ayudan a quienes están organizando su viaje ahora mismo.






