Hoy estreno una nueva sección del blog: las crónicas de viajeros que han estado en Rusia hace poco y me cuentan, sin filtros, cómo les ha ido. Y no se me ocurre mejor forma de empezar que con el relato de Philippe, un lector francés que me escribió nada más volver de su viaje, el 26 de junio de 2026.
Su viaje no fue precisamente corto: 3 semanas recorriendo el Transiberiano de Moscú a Vladivostok, con paradas por el camino, y la vuelta a Moscú del tirón —7 días seguidos en el tren— antes de regresar a Francia vía Estambul con Turkish Airlines. Si estás pensando en hacer esta ruta, te recomiendo leer antes mi guía completa del Transiberiano; la crónica de Philippe es el complemento perfecto: lo que pasa de verdad sobre el terreno.
Lo que sigue es su relato, traducido del francés, con sus consejos y sus propias fotos. Gracias, Philippe, por compartirlo.

La sorpresa del registro hotelero
Tengo una novedad que contar. A mi regreso a Moscú, en el mismo hotel que había elegido a la ida, la recepcionista me pidió la «registration» del hotel anterior. Algo inédito: nadie me había pedido nada parecido en todo el viaje. Cuando vio que mi último hotel había sido 7 días antes en Vladivostok, me preguntó dónde me había alojado durante esa semana. «En el tren», le respondí. ¡Abrió unos ojos como platos!
Así que mi consejo es este: al dejar un hotel, pide una factura o el justificante de registro. Puede serte útil más adelante.
Nota de Irena: el registro de extranjeros es obligatorio en Rusia y lo tramita el alojamiento. Te explico cómo funciona en este artículo sobre el registro, y qué hacer si tu alojamiento no te registra.

«Nalíchnimi»: en Rusia puedes pagar casi todo en efectivo
A pesar de las noticias positivas sobre el uso de tarjetas bancarias, yo me había preparado para pagarlo todo en efectivo. De ahí que llevara muchos euros encima.
La palabra mágica, aparte de spasiba (gracias), es NALÍCHNIMI… con «nalích» basta. Significa «en efectivo». Se puede pagar en efectivo prácticamente en todas partes, salvo si te apetece comerte una hamburguesa en Rostic’s, el KFC ruso. Ahí, sin tarjeta no hay nada que hacer. Lo mismo en las cadenas de comida rápida tipo McDonald’s o Burger King. No soy muy fan, pero después de una semana a base de pan, jamón y queso, sienta bien darse un capricho.

Seguridad: no perdí ni un céntimo
Sobre este punto, quiero tranquilizar a los futuros viajeros: Rusia es un país seguro. No te va a pasar como en casa, que te arranquen el bolso o te agredan. Yo llevaba mis euros en una riñonera, guardada dentro de la mochila, y no perdí ni un céntimo.
Incluso llegué a perder un billete de rublos por la calle: una persona me lo devolvió. Y con mi pasaporte, que se me cayó del bolsillo en un hipermercado, lo mismo: un ruso me avisó. ¡Chapó!

Comer sin hablar ruso: mi mayor problema
La comida es un verdadero problema si no hablas ruso. Descifrar la carta de un restaurante o el nombre de un producto de alimentación es un auténtico calvario. Los que tienen una aplicación de traducción con foto juegan con ventaja. Yo no la llevaba, así que mi alimentación se limitó a lo que reconocía en las estanterías del supermercado. Y uno acaba dando vueltas en círculo enseguida.
Una vez intenté pedir los platos que veía servir en las mesas de al lado. Mala idea: acabé con varios platos delante. Por suerte, la dueña del restaurante, llena de compasión, me empaquetó la comida en tápers, a modo de doggy bag.

El teléfono: no lo pierdas de vista
Si hay un objeto que no debes perder de vista jamás, es tu teléfono. Te sirve para todo: para traducir, para orientarte (con algún que otro fallo, sobre todo en Google Maps) y para enviar fotos y mensajes por WhatsApp.
Como no tenía SIM rusa, contraté en Francia, antes de salir, una tarifa internacional de Free por 20 euros al mes. Funciona bien, pero no en todas partes: nada más entrar en Siberia oriental, pasado Jabárovsk, ya no pude enviar imágenes por WhatsApp; los mensajes, por suerte, seguían pasando. La única alternativa era el correo electrónico, pero con lo lento que carga, da mucha pereza mandar fotos por ahí.
Nota de Irena: si no quieres depender del roaming de tu operador, aquí tienes las eSIM que funcionan en Rusia.
Cambiar euros en Rusia: solo billetes impecables
Último punto, pero vital: el cambio de euros en los bancos. No se insiste lo suficiente en esto, y es fundamental: hay que presentar billetes EN ESTADO NUEVO. Al principio, cuando todavía me faltaba confianza, llevaba euros metidos en los calcetines. Con el calor y el sudor, mis billetes sufrieron. ¿Resultado? Me rechazaron la mitad de los euros. Menos mal que había previsto de sobra.
El banco menos exigente con el estado de los billetes es Sberbank, pero su tipo de cambio no es de los mejores. Mejor mirar Alfa Bank.
Otro detalle importante: a partir de cierta cantidad (unos 450 euros, en general), la cajera te pedirá el pasaporte… TRADUCIDO al ruso. Jamás me habría preparado para algo así. Por suerte, se pueden cambiar cantidades más pequeñas sin presentar el pasaporte.
Nota de Irena: tienes toda la información sobre llevar euros en efectivo a Rusia y sobre dónde cambiar euros por rublos en sus artículos correspondientes.
Los controles de los aeropuertos: no te arrepientas del tren
No lamentes haber elegido el tren en vez del avión para el regreso Vladivostok–Moscú: los controles de los aeropuertos son infernales, y la cosa empeora al pasar por Estambul de vuelta a Francia. Te revuelven literalmente el equipaje de mano. A mí me confiscaron una botella… de agua mineral, con amenaza de multa incluida.

Lo que me quedo de la crónica de Philippe
Hasta aquí el relato de Philippe. Me quedo con cuatro consejos muy concretos que no suelen aparecer en las guías: pide siempre el justificante de registro al salir de cada hotel, aprende la palabra nalíchnimi, lleva los billetes de euro impecables (nada de calcetines) y, si vas a cambiar más de unos 450 euros de golpe, ten en cuenta que pueden pedirte el pasaporte traducido al ruso.

¿Has viajado a Rusia hace poco y quieres compartir tu experiencia? Escríbeme con tu crónica y tus fotos y la publicaré en esta sección, con tu nombre o de forma anónima, como prefieras. Relatos como el de Philippe son los que de verdad ayudan a los que están preparando su viaje.






